Siempre supe que vas, a 10 mil piés sobre mi.
viernes, 20 de abril de 2012
#2
Es querer verlo un día, y al siguiente también, la falta de aire cuando me mira fijamente a los ojos y me dice que me quiere. Es querer estar con él a todas horas. Es no poder pensar en otra cosa que no sea él. Es quererlo con todas mis fuerzas y con las de cualquier otro. Es sentirme la chica con más suerte del mundo sólo por tenerlo a mi lado. Es eso lo que no quiero que se acabe nunca.
Es cuando estoy contigo y me miras, y te miro yo después, y surge esa magia extraña entre nuestras miradas, ese clima curioso por todas las cosas que aún desconoces, ansiosa, ansiosa por poder besarte. Es el cosquilleo en la tripa, el roce de mis manos con las tuyas, como si no existiera nada más, como si nunca hubiese rozado otras manos. El calor de tu cuerpo. La risa tonta que intentamos evitar. Es el mirarte y sentir que tú también lo sientes. Son los gestos, el pequeño movimiento que hace que tu cuerpo se aproxime al mío, como si lo hubiese estado deseando toda mi vida, y como si una vez pegado, no quisiera que se separase más. Son tus caricias, tus cosquillas a cualquier hora. Es cuando me miras fijamente y sonríes, exactamente a 2 cm de mi boca. Son todas y cada una de las palabras que salen de nuestras bocas con toda naturalidad, sin la necesidad de ser pensadas, como si sólo pudiésemos tener esa conversación el uno con el otro, como si nadie más existiera. El sentir, que no me importaría seguir en ese estado contigo, durante toda mi vida, el sentirlo sin saberlo, sin ninguna explicación, como algo natural, tan inevitable, como respirar.
miércoles, 7 de marzo de 2012
Seguimos siendo imperfectos.
Ya, puede que sea un poco rara. Un día me verás llorando, por los suelos, y al siguiente dando saltos de alegría en lo más alto. Por las mañanas puedo ser encantadora y por las tardes la más odiosa que conozcas. Mis sonrisas te pueden embobar, pero tengo miradas que te van a espantar. Habrá días que estaré 24 h. contigo, abrazándote, agobiándote, haciéndote reír. Otros, sin embargo, notarás que no estoy aquí, que nada me incumbe y nadie tiene que ver conmigo, esos días te aconsejo que no te esfuerces ni en tocarme. Con el tiempo verás que soy de extremos, que conmigo es blanco o negro, pero que el gris para mí no existe: o te quiero o te odio, o me gustas o me das asco, o me da igual o todo me influye. También te darás cuenta de que me doy entera a todo, que las cosas, cuando decido hacerlas, las voy a hacer bien y me dejaré en ellas sudor y lágrimas, que cuando lloro, lloro hasta soltar la última lágrima, que cuando río, se me sale toda la fuerza en cada carcajada, que cuando me enfado, lo hago con toda mi energía, que cuando grito, me dejo la garganta y que cuando beso, lo hago como si fuera la última vez. Después de darte cuenta de todo eso, sabrás, si eres un poco inteligente, que cualquier día, a cualquier hora, me puedo ir de tu vida tal y como llegué, sin esperarlo, con fuerza, y de repente. Para ese día ya habrás descubierto que es inevitable cogerme cariño. Pero no te preocupes, cuando me vaya ya me conocerás lo suficiente y sabrás qué hacer para que vuelva, si no lo sabes todavía.
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